HISTORIA DE LA RADIO EN CHILE
Los pioneros de la radiodifusión en Chile fueron Arturo
Salazar y Enrique Sazié. Salazar era profesor de la Escuela de Ingeniería de
laUnivercidad de Chile y tenía a su cargo el laboratorio de electrónica. Siendo
adolescente, a fines del siglo pasado, siguió los pasos de Edison construyendo
un fonógrafo, una máquina grabadora y un parlante.
En el laboratorio de la Universidad de Chile, Salazar construyó un equipo de
recepción de ondas radiotelegráficas que le permitía captar estaciones de Europa
y Estados Unidos
Enrique Sazié Herrera nacía justamente cuando Salazar emulaba a Edison y
construyó su primer transmisor varios años después. En 1922, en una sala de la
Universidad de Chile, reunió a los aficionados a la radio para formar el Radio
Club de Chile, presidido por Harvey Diamond.
El gran anhelo de Sazié era ofrecer programas al público. Con ese fin comenzó a
construir un transmisor en el laboratorio del profesor Salazar, y solicitó la
colaboración del Batallón de Comunicaciones, que le facilitó tres lámparas
Telefunken de cincuenta vatios cada una. Una vez conseguido el transmisor, Sazié
se dedicó a construir el receptor, que colocaría en el segundo piso del edificio
del Diario El Mercurio
La primera transmisión radial chilena

El 19 de agosto de 1922 fue el gran día.
En esa ocasión, se emitió la marcha de la Primera Guerra Mundial "It's a long
way to Tiperary". Además, Enrique Cabré y Norberto García interpretaron un tema
a dúo en violín. Posteriormente, Rafael Maluenda, escritor y periodista de El
Mercurio, hizo un breve comentario político, en el que de forma risueña trazó el
paralelismo entre el perro del general Alcibíades con el foxterrier del
Presidente de la República, Arturo Alessandri. Maluenda se transformó así en el
primer comentarista político de la historia de la radiodifusión chilena.
Sin embargo, este experimento no habría tenido gran valor
sin un segundo paso: el que dio Federico Helfmann, quien, asesorado por Enrique
Sazié, se dedicó a vender receptores de radio. Para hacerlo era necesario contar
con una emisora que realizara programas diarios. Sazié construyó un pequeño y
rudimentario transmisor con una potencia de cinco vatios, el cual -se pensó-
serviría para las demostraciones.
El nacimiento de Radio Chilena
La firma Errázuriz Simpson sentó las bases tecnológicas
para el desarrollo de la radiodifusión en Chile. Esta empresa compró los
derechos de Federico Helfmann y se entregó a la tarea de formar la Compañía
Radio Chilena. Los capitales que participaron en este proyecto fueron de firmas
ligadas a la electrotécnica: Westinghouse, General Electric, Telefunken,
Telegrafie Son Fils y Marconi Wireless. Una vez más, fue Enrique Sazié el
cerebro de la puesta en marcha del plan.
Para salir rápidamente al aire, Sazié transformó un equipo
de radiotelegrafía marca Oscilio, que había importado, en un transmisor de
radiodifusión. Aprovechó las dos lámparas de 250 vatios, los instrumentos y el
grupo generador marca Esco, que suministraba la corriente eléctrica continua.
El 26 de marzo de 1923, siete meses después de la primera
transmisión de la Universidad de Chile desde El Mercurio, se inauguró la Radio
Chilena, con estudios en el décimo piso del edificio Ariztía.
Pocos receptores y escasa publicidad
Ya en 1923, en Santiago existían doscientos receptores. Los
precios oscilaban entre los doscientos y los tres mil pesos; los primeros
santiaguinos en adquirirlos fueron Francisco de Borja Echeverría, Patricio
Valdivieso y Carlos Wassen.
En la inauguración de Radio Chilena hubo música, un
discurso, artistas y un locutor, Alfredo Figueroa Arrieta, el primero que hubo
en Chile. La orquesta fue la del maestro Ubaldo Grazziolli y el discurso estuvo
a cargo del maestro Osmán Pérez Freire.

La emisión comenzaba a las 9 de la mañana
con la lectura de las noticias de los diarios. A las diez de la noche se
transmitía la hora oficial, con las campanas de un reloj carillón Westminster
que proporcionó la relojería suiza de Carlos Fath (o Fahl). Esta relojería y la
Botica Francia, de Gastón Goyeneche, fueron los dos primeros avisadores de la
radiodifusión chilena.
Se cobraban mil pesos por transmitir una frase diaria
durante todo un mes. Como Alfredo Figueroa Arrieta no podía estar
todos los días y a todas horas junto al micrófono,
hubo que probar nuevas voces. Así fueron contratados Juan Esteban Iriarte y
Ricardo Cano Ichaútegui.
La publicidad era escasa y no alcanzaba para financiar la
emisora. El propio Figueroa ingenió una campaña de ayuda, mediante estampillas
coleccionables, sorteos y premios, pero el sistema no prosperó.
Las nuevas emisoras
En 1924, Enrique Sazié continuó con su esfuerzo de crear
nuevas emisoras de radio. Aquel año apareció radio El Mercurio. Sin embargo,
entre la aparición de las emisoras Chilena y El Mercurio se fundó Radio Cerro
Alegre, de Valparaíso, en la que participaba activamente otro de los pioneros de
la radiodifusión chilena y del cine sonoro: Ricardo Vivado Orsini.
En Radio El Mercurio surgió un locutor que marcó una época:
Jorge Echegoyen, a quien se debe la incorporación del programa-concurso con la
participación de los oyentes.
También en esta emisora surgió la primera audición
deportiva, que fue creada y dirigida por el periodista y humorista Carlos
Cariola. Se llamaba "Clínica Deportiva" y todos los comentaristas se trataban
entre sí de "doctor".
Un instrumento político
Las radios tampoco escaparon a la lucha con los gobiernos
autoritarios. El general Carlos Ibáñez del Campo, considerando que la
información de la Radio Diario Ilustrado le era adversa, introdujo la censura.
Todos los informativos se transmitían previa revisión de un censor. En 1932,
nacieron dos emisoras que marcaron una época. Una fue Radio Universo, más tarde
La Americana.
Tal importancia otorgaban los gobernantes a las emisoras,
que Marmaduke Grove, tras el golpe militar del 4 de junio de 1932 y la
instauración de la efímera República Socialista, hizo instalar una emisora en La
Moneda.
Por otro lado, en Radio Universo se emitió el primer
radioteatro: La Enemiga, de Darío Nicodemi.
Arturo Alessandri Palma, que el 21 de mayo de 1923 fue el
primer mandatario que leyó su mensaje presidencial por radio, diez años más
tarde, en 1933 , transmitió un mensaje a toda América también a través de este
medio de comunicación.
Vehículo para la cultura
En 1935 nació Radio Hucke, que posteriormente se denominó
Radio Nuevo Mundo. Poco después aparecería Radio Agricultura y, casi de forma
simultánea, Radio Cooperativa Vitalicia.
En 1938, Radio La Chilena Consolidada se convirtió en Radio
del Pacífico. De allí surgió un semillero de artistas: Anita González "La
Desideria"; Ester Soré; Eduardo de Calixto, etc.

El 7 de abril de 1937 se inauguró en la Universidad
Federico Santa María la radio del mismo nombre, que con el tiempo se convirtió
en la emisora universitaria veterana de América Latina.
El desafío de las nuevas tendencias
Tras 40 años de desarrollo, en la década de 1960 la radio
tuvo que afrontar, con la masificación de la televisión, su primer y más grande
desafío.
Muchos anunciaron entonces el ocaso definitivo. El
diagnóstico no pudo estar más equivocado. Por el contrario, la radio mostró una
capacidad de respuesta insospechada. Aprovechó inteligentemente las
posibilidades que deparaba la tecnología del transistor, amplió sus emisiones en
frecuencia modulada (FM), reorientó y segmentó su programación, aprovechó las
demandas no cubiertas por la televisión y, por último evitó entrar en abierta
colisión con ella, optando por una estrategia de sutil complementación.
Un estudio de la Secretaría de Comunicación y Cultura de
1996 señalaba que la radio atravesaba uno de sus mejores momentos. Entre los
años 1990 a 1995, el número de emisoras pasaba de 326 a 723, crecimiento que ha
concentrado en la FM, donde de 152 estaciones se pasó a 614.
Ciertamente la radio ya no es la de la década de 1940. Los
radioteatros han enmudecido, los grandes auditorios han desaparecido, no existen
las emisiones de espectáculos en directo ("La Bandita de Firulete", tras treinta
años de permanencia en Radio Portales, terminó por sucumbir). Ellos han dado
paso a la radio interactiva, en constante comunicación con los oyentes.
En resumen, la radio chilena, tras el impacto que causó la
aparición y masificación de la TV, recupera su capacidad de crear magia a través
del sonido.
El Día de la Radio
Durante la administración del Presidente Juan Antonio Ríos Morales se instituyó
en Chile que, a contar del 21 de septiembre de 1942, ese día sería conmemorado
como "El Día de la Radio", fecha en que todas las emisoras de la República
silenciarían sus transmisiones por 24 horas.
El día de descanso para los trabajadores radiales se introdujo, considerando que
ellos laboraban en forma ininterrumpida los 365 días del año, incluyendo fiestas
emblemáticas como: Semana Santa, Día Internacional del Trabajo, Día de las
Glorias Navales, Independencia de Chile, Día de las Glorias del Ejército, Día de
Todos los Santos, Navidad, Año Nuevo, entre otras.
Después de casi medio siglo, durante el gobierno del Presidente Patricio Aylwin
Azócar, se declaró por Decreto Supremo de 1991, el 21 de septiembre como el "Día
Nacional del Trabajador de la Radiodifusión Sonora".
Un estudio efectuado por la Secretaría de Comunicación y Cultura, señaló en
1996, que entre los años 1990 a 1995 el número de emisoras había aumentado en un
122 por ciento, pasando de 326 a 723. Este crecimiento se concentró en las
emisoras de frecuencia modulada, las cuales aumentaron en un 304 por ciento,
donde de 152 estaciones se pasó a 614.
Luego de 58 años de instituido el "Día de la Radio" y sólo nueve años de "El Día
Nacional del Trabajador de la Radiodifusión Sonora", ambas fechas el 21 de
septiembre, la Asociación de Radiodifusores de Chile (Archi), decidió terminar
con el cese de transmisiones para ese día, en el año 2000.
Entre los argumentos esgrimidos por el Consejo de la Archi, para adoptar dicha
resolución, fue que al no estar funcionando las radios asociadas al organismo en
dicho día, muchas emisoras "piratas" aprovechaban la ocasión para salir al aire,
no respetando las leyes que regulaban el sistema de radiodifusión.
En todo caso la Archi estipuló que las radios asociadas deberán decidir si
transmiten su programación habitual, no siendo sancionadas por este organismo
como ocurría anteriormente, dejando en claro que si bien, se terminó con la
interrupción de la transmisión radial, se continuará celebrando todos los 21 de
septiembre, el Día de la Radio y el Día del Trabajador Radial.
Hoy las radios "chilenas", son muy pocas, debido a las políticas (leyes y otros) gubernamentales que no supieron cuidar nuestras emisoras y la mayoría esta en manos de consorcios extranjeros. Lo paradojal de esto es que algunas de esas radios, tocan más música nacional que las pocas radioemisoras en manos de empresarios "chilenos".
También es notorio la poca representación que tiene Archi, con sus asociados, ya que algunos han renunciado a esta Asociación, argumentando que no representa los intereses de las radios más pequeñas (radios AM).
Un aporte mas de CE3RKW.