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  LA MIEL DE ABEJA


Durante milenios, la humanidad no ha tenido a su disposición más sustancia azucarada que la miel (el azúcar o sacarosa, no aparecerá hasta el siglo XV) este producto natural ha sido fundamental en la vida de los hombres en todas las latitudes del mundo, como miel pura, utilizada para fines comestibles, cosméticos y medicinales. La miel ha acompañado al hombre desde los inicios de la humanidad. Utilizándola con fines alimenticios, cosméticos y terapéuticos.

La miel es el néctar y las exudaciones sacarinosas de las plantas, una vez recogidas, modificadas y almacenadas en los panales por las abejas. El néctar se compone con el agua que las plantas extraen del suelo. Cuando asciende por el tallo, esta agua lleva azúcares, minerales, vitaminas y otras muchas substancias que difieren de una planta a otra. Las abejas liban el néctar de las flores, lo condensan o regurgitan con sus propias secreciones y lo  transforman mediante la química de sus propios cuerpos. Las mieles varían de color, sabor y consistencia dependiendo de la plantas, la naturaleza del suelo, los esquemas climáticos y la estación de la cosecha, por lo que no existen dos mieles semejantes. 

¿QUE CONTIENE LA MIEL?
Toda miel se compone de dos azúcares simples: glucosa y fructosa. El cuerpo puede asimilar tal cual esos azúcares, pues las abejas ya han realizado la necesaria inversión en azúcares simples, ahorrando ese trabajo al tracto gastrointestinal humano. La glucosa es absorbida directamente en la sangre, y la fructosa con algo menos de rapidez, como no son necesarios cambios químicos y por ser un alimento predigerido por las abejas, la miel es la fuente de energía rápida y natural por excelencia.

La miel contiene vitaminas del grupo B, tiamina, niacina, riboflavina, ácido pantoténico, piridonxina y biotina, además de ácido ascórbico o vitamina C. Todas ellas juegan un papel fundamental en la nutrición humana. Y a diferencia de las frutas y verduras, que pierden parte de su contenido vitamínico durante la cosecha, almacenaje y preparación, la miel - a menos que se caliente - no pierde nunca sus vitaminas. Contiene todos los minerales que son esenciales para la salud: hierro, fósforo, aluminio y magnesio. El contenido mineral de cada variedad de miel difiere de acuerdo con los recursos minerales del suelo. Las mieles oscuras de sabor fuerte, cosechadas en zonas de costa de vegetación tropical, suelen ser más ricas en hierro y otros minerales. Además la miel sin procesar y sin filtrar contiene pequeños trozos de polen, que son proteína pura.

Como dieta habitual está especialmente indicada en ancianos niños, convalecientes, y atletas, ya que se trata de un alimento carbohidratado o energético más digerible y aromático que el azúcar, la cual proporciona calorías vacías sin ninguna vitamina o mineral, en comparación con la miel de abeja que hay que añadir que a la fecha se han descubierto en la miel más de 180 sustancias distintas beneficiosas para el organismo humano. La miel debe consumirse pura, tal como sale de la colmena, extraerse por fuerza centrífuga, sin utilizar métodos de calentamiento, ya que al calentarla a más de 60 grados centígrados la miel pierde propiedades. Es un producto tan fino y tan sensible que al calentarse las enzimas y aminoácidos que contiene se alteran. Calentar o adulterar la miel es una práctica nefasta ya que matan todas las propiedades antibióticas y alimenticias de este excelente producto natural. 

Como consumidores debemos saber que la cristalización de la miel es algo natural, al pasar el tiempo, el agua que la miel contiene se evapora y se va convirtiendo en una masa sólida, que sin embargo, no pierde absolutamente ninguna propiedad, la cristalización es un sinónimo de pureza. Si la desean consumir líquida, se recomienda poner el frasco al sol, debidamente protegido con una tela obscura o papel periódico para que los rayos ultravioleta no dañen los elementos vivos de la miel. La inclusión de la miel en la dieta diaria puede a ayudar a eliminar la deficiencia de elementos minerales. Tomar la decisión de suplir el azúcar por miel de abeja en nuestros alimentos diarias es una sabia decisión. La composición, el aspecto, el sabor, el color, etc. varían mucho dependiendo de las flores que proviene. 

Los principales componentes de la miel son:

  1. Agua, la cantidad depende del tipo de flores utilizadas por las abejas, la metodología para su obtención, etc. oscilando entre el 11 y 18%.

  2. Azucares, que son entre el 75 y el 85%, sobre todo glucosa y fructosa.

  3. Proteínas, en cantidades muy pequeñas pero en forma de enzimas, sustancias que juegan un papel importante en casi todas las actividades vitales.

  4. Sales minerales (fósforo, calcio, azufre, magnesio, etc.), que si bien no están en cantidades muy importantes, lo están de forma que el ser humano puede asimilarlos con facilidad.

  5. Vitaminas del grupo B y C.

  6. HMF, o hidroximetilfurfural, una sustancia inocua que se va formando en la miel, por descomposición de algunos azucares que es fundamental para determinar la frescura de la miel: a mayor cantidad de HMF, menor frescura.

  7. Compuestos volátiles, son responsables del aroma y algunas de las propiedades de la miel.


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